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Comunidades Andinas, Innovación y Prejuicios por Vencer

Afredo Cafferatta plantea un punto de vista crítico sobre las políticas de desarrollo de la Sierra

En los intentos diversos y reiterados por resolver los graves problemas de desarrollo y pobreza de la Sierra, el Estado ha fracasado diversa y reiteradamente. La integración de la población andina rural, su alfabetización, la mejora de su nivel de ingresos, de productividad, su acceso al derecho siguen hoy existiendo, globalmente, sólo en el futuro optimista de los discursos. Ello debe entenderse como una (ir)responsabilidad en la ejecución de políticas públicas, explicada en el fondo por una visión del país que sigue siendo dolorosamente colonial y basada en prejuicios. Sin embargo, existen formas de encarar el desarrollo como un proceso endógeno, autogestionado, dirigido a asegurar la calidad de vida de las personas, pero a partir de su autonomía y no de su dependencia de la asistencia paterno-estatal. Proponemos dar la vuelta a la tortilla y dar forma a las políticas públicas a partir de las iniciativas propias de los peruanos andinos, y no al revés.

Tres prejuicios centrales subyacen las políticas públicas de desarrollo en la Sierra.

En primer lugar, éstas no han tomado en cuenta el punto de vista de los campesinos. Efectivamente: a) los modelos de desarrollo comunal de corte paternalista ignoran las características específicas de la economía campesina y naturalmente, han fracasado, b) la imposición de políticas que no consideran las identidades particulares, la forma de valorar la tierra, el agua y el medio ambiente, se ha traducido en situaciones de conflicto, y c) las y los peruanos altoandinos son excluidos de los diversos mecanismos de participación política, que pasan por alto o desdibujan desde sus opiniones hasta sus movimientos sociales. En definitiva, se ha considerado implícitamente –y el prejuicio está firmemente anclado en los decisores públicos– que los campesinos son inferiores.

En segundo lugar, se prejuzga que la pequeña propiedad campesina es inviable. La cuestión del minifundio en la sierra se ha planteado permanentemente como un problema, que sólo puede resolverse mediante la eliminación de esta forma de propiedad. No se ha considerado que ésta, con sus limitaciones, es parte del sistema de vida de los campesinos y que, tanto históricamente como hoy, los campesinos están demostrando que el problema no es tanto el tamaño de la parcela que poseen, como la falta de tecnología. Tecnología no importada ni impuesta sino apropiada y adaptada a su medio. Tecnología que les permita una mayor productividad para satisfacer el consumo familiar y aprovechar las oportunidades del mercado.

En tercer lugar, se prejuzga que los campesinos son incompetentes en innovación tecnológica. Un organismo tan serio como CEPAL considera que es necesario un mínimo de 12 años de estudios escolarizados para que una población esté apta para llevar adelante procesos de innovación tecnológica. No se toma en cuenta, como para nuestro caso, la sabiduría popular; ese conocimiento que transmitido de generación en generación les viene permitiendo a los campesinos sobrevivir en las condiciones más adversas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería y, a su vez, contribuir, con sus plantas y animales domesticados, a la solución de la hambruna en el mundo. Tenemos que pensar que las capacidades de innovación también se encuentran en la cultura o sabiduría popular como lo demuestra la historia y realidad andina.

Estos prejuicios han servido de pretexto para olvidarse de la sierra, no sólo en términos de la infraestructura que debía desarrollar el Estado para integrar esta región al desarrollo del país, sino en la obligación de invertir productivamente en la mejora de sus sistemas de riego y en la asistencia técnica que vinculara la economía campesina con el avance del conocimiento. La preferencia de las políticas del Estado por la agricultura de la costa concentrando en ella sus mayores inversiones ha impedido que los campesinos de la sierra tengan la oportunidad de integrarse positivamente al desarrollo social, económico y político del país.

Esto tiene que cambiar radicalmente. Y el cambio está sucediendo, de manera endógena y demostrando contundentemente que estos prejuicios deben relegarse a los siglos que los fabricaron.

Desde el año 2000 las comunidades y campesinos de 60 distritos altoandinos del Cuzco vienen llevando a cabo una experiencia exitosa de innovación tecnológica que les está permitiendo cambiar significativamente sus condiciones de producción, en especial al sustituir la práctica del cultivo en secano por el uso del riego por aspersión. Lo novedoso de esta experiencia es que se ha incorporado una tecnología adaptada por los propios campesinos al medio en el cual viven, orientando sus resultados a:

  1. Incrementar los ingresos de las familias por la venta de productos en el mercado.

  2. Aumentar la producción reservada para la subsistencia familiar y para resolver los problemas de desnutrición.

  3. Con las mejoras productivas, introducir progresivamente técnicas de mejor conservación y transformación de sus productos.

Esta experiencia cuenta con el apoyo concertado de profesionales, pero los protagonistas fundamentales son los campesinos. Ellos mismos eligen a los más capaces dentro de sus comunidades para que aprendan las nuevas tecnologías con cargo a difundirlas en otras zonas. Esos campesinos, llamados Yachachiq, “los que enseñan”, son hoy los promotores de un cambio tecnológico que está modificando la perspectiva de pobreza, único horizonte que tenían en frente las comunidades y campesinos de las sierra de nuestro país.

Así, frente a la ausencia del Estado o su fracaso para resolver los graves problemas de desarrollo y pobreza de esa región, la apuesta radica en que es posible diseñar y ejecutar políticas que consideren experiencias como ésta y promuevan el protagonismo que el propio campesino tiene en la recuperación de su progreso y bienestar. Ya lo vienen haciendo: mejoran sus condiciones económicas y de bienestar, apuntan ya a ejercer plenamente sus derechos ciudadanos y a integrarse al resto de la sociedad peruana sin pérdida de su identidad cultural. La Sierra misma está demostrando cuán caducos son los prejuicios que han frenado su desarrollo.


Última modificación 01-03-2006 13:15 por Administrador WebCD

comunidad de m...

Enviado por Usuario Anónimo en 11-08-2007 22:59

es una tonteria!!!!

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