¿Qué hacemos con el TLC?
Eduardo Zegarra plantea la posición crítica que Concertación Descentralista mantiene respecto al capítulo agrícola del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. Artículo publicado en La República el 03/02/06.
El desenlace final de la negociación del TLC con Estados Unidos no ha podido ser más sintomático: el mismo día que se publica el faltante y controvertido capítulo agrícola, renuncia el candidato presidencial de Perú Posible, dando por terminado el proyecto político de un “partido” que a duras penas puede recibir ese nombre y de un presidente que ahora pretende que su desprestigiada bancada parlamentaria impulse y apruebe un tratado de enormes implicancias para los peruanos.
La verdad es que el resultado de la negociación del TLC en materia agrícola no ha sido muy auspicioso. Tal como señaláramos en diversas opiniones previas, desde el inicio estuvieron dadas las condiciones para que el sector agrario peruano fuera el gran sacrificado en la negociación, y esta situación no pudo ser revertida por el gobierno de Toledo. El enorme peso de los intereses agrarios en el Congreso de EEUU así como la extrema debilidad técnica y política de nuestros negociadores agrícolas hacían presagiar este mal resultado. Si a esto se suma un presidente desesperado por firmar y la escasa capacidad de presión política de nuestros gremios agrarios, lo que tenemos a la vista ha sido un TLC a la medida de los intereses norteamericanos en materia agrícola, con una alta y rápida apertura comercial para toda la gama de productos ultrasubsidiados por ellos como algodón, maíz, lácteos, aceites, carnes, arroz, cebada y trigo. Y no solo eso, con asimetrías en cuanto a tratamiento sanitario que aún están por dilucidarse.
Tanto en el PDS como en Concertación Descentralista se ha venido sosteniendo que esta era una negociación desfavorable para el agro peruano. También señalamos que la decisión final de firmar o no el TLC con Estados Unidos debe ser evaluada a la luz del conjunto del acuerdo, donde obviamente existen ganancias significativas por el lado de oportunidades para la industria textil y la agro-exportación no tradicional costeña. En este sentido, esta mala negociación agrícola no nos lleva a rechazar la firma del TLC dados sus impactos netos positivos, pero sí a señalar condiciones muy claras para que este no se convierta en un instrumento de mayor desigualdad y pobreza para cientos de miles de agricultores peruanos en las próximas décadas.
Estas condiciones se concentran en tres ejes. En primer lugar, el Congreso que apruebe el TLC, sea este o el próximo, deberá al mismo tiempo aprobar una Ley de Desarrollo Agrario que permita una reconversión profunda del agro peruano con un nuevo Ministerio de Agricultura descentralizado y nuevos instrumentos de política para el desarrollo de una agricultura competitiva. En segundo lugar, los beneficiarios directos del ATPDEA y TLC (especialmente textiles y agroexportadores costeños) deberán contribuir directamente con mayores impuestos para el financiamiento de la reconversión agraria frente al TLC. En tercer lugar, el siguiente gobierno deberá asignar anualmente una suma no menor de US$ 200 millones para la reconversión agraria, especialmente en sierra y selva, con programas orientados a zonas y tipos de agricultores, en lugar de inútiles compensaciones por producto que no sirven para reorientar las posibilidades competitivas de nuestros agricultores.
Por nuestra parte seguiremos manteniendo una actitud crítica a la que consideramos una muy débil negociación agrícola del TLC. De otro lado, consideramos que es posible revertir esta mala negociación agrícola si se cumplen las tres condiciones señaladas. Solo así podremos ofrecerle a nuestros dos millones de agricultores peruanos el trato digno y justo que merecen, en medio de una “fiesta del TLC” a la que parece que nunca fueron realmente invitados.